

Desde que conocí a Niki de Saint Phalle, cambió mi percepción de la vida. O mejor dicho, en ella encontré a alguien que había materializado parte de mis sensaciones sobre la vida. Sin embargo, como buena maestra, las amplió, haciéndome transitar en viaje express por sus caminos, sus idas y venidas, dimes y diretes, y me hizo que volviera a creer que el amor romántico es posible, y hasta el momento, esa esperanza sigue viva y palpitando en todo lo que hago.
Niki ha sido amor a primera, segunda, tercera y cuarta vista. Y su amor por Jean Tinguely me ha enseñado que se puede amar sin olvidarse de quien es uno, y que sólo de esa manera ambos pueden crear mundos tan hermosos y magnéticos como todos aquellos que permanecen y que ansío visitar cualquiera de estos días.
La más perfecta visión del amor...

No hay comentarios:
Publicar un comentario